Pablo Picasso se reía de aquellos artistas que planificaban su carrera meticulosamente. Luego, con un ataque repentino de generosidad, les regalaba este consejo: “Que hagan lo que les apetezca”. Él, en eso, predicó con el ejemplo, yendo siempre a salto de mata, aunque eran los suyos —hay que reconocérselo— saltos de mata de inmenso talento. Dante Alighieri, sin embargo, ha sido uno de los casos de planificación más asombrosos que se conocen. No provoca la risa, sino el pasmo. En el canto I del Infierno, en los versos 113 a 126, levanta el plano de su largo viaje ultramundano, adelantando importantes detalles del argumento. Explica por boca de Virgilio (y traducción de Abilio Echeverría):
… te serviré de guía en todos lados
desde este sitio humilde hasta otro eterno
donde gritos oirás desesperados.
y, lamentando la segunda muerte,
verás almas de antiguos condenados;
y otra gente contenta con su suerte
entre las llamas, pues se sabe un día
segura de salvarse y tal lo advierte.
Para ir más allá, tendrás de guía
alma mejor que yo y, cuando me vaya,
feliz te dejaré en su compañía,
pues quien allí lo tiene todo a raya
me impide, por rebelde a su dictado,
llevar a nadie adonde Él se halla.
A nosotros, que leemos la Comedia de un tirón, tal vez en un volumen, puede que no nos llame demasiado la atención ese esquema del Infierno (“donde gritos oirás desesperados”), del Purgatorio (“gente contenta de su suerte entre las llamas”) y del Paraíso (que Virgilio naturalmente no describe porque él, pagano, no puede, ay, entrar). Pero conviene pararse un momento a recordar que este vastísimo y multitudinario libro estaba entonces por escribir y que se escribió en media vida, dándose a conocer, además, por partes a medida que se iban terminando los sucesivos cantos. Se concibió, según nos cuenta el propio autor al final de su Vita Nuova, alrededor de 1294, y se acabó justo cuando moría Dante en 1321.
Él, en este mismo canto I del Infierno, había supuesto que viviría hasta los 70 años, pues entonces, cuando escribió nel mezzo del cammin di nostra vita— contaba 35. Se propone llegar a los 70 años que es la edad que la Biblia considera perfecta para los hombres prudentes. Murió antes, pero no sin acabar por los pelos su magno poema. Es estremecedor que coronase un proyecto, el del inmenso poema, y no el de la cifra exacta de sus días, porque así se nos señala que la plenitud no está en más o menos años sino en el cumplimiento exacto de una vocación. Para que lo veamos más claro, subrayado por el vértigo de lo al filo del precipicio que cumplió Dante con el plan original, compensa recordar los acontecimientos finales de su vida y de su obra, indisolublemente unidas. Demos la palabra a Boccaccio:
“Había sido costumbre suya que cuando tenía acabados seis u ocho o más cantos, o menos, se los enviaba antes de que ningún otro los viera, estuviese donde estuviese, a micer Cane della Scala, al que reverenciaba más que a cualquier otro hombre; y, después de haber sido vistos por éste, hacía copias para quienes las querían. Habiéndole enviado de esta manera todos los cantos salvo los trece últimos, y habiéndolos hecho, aunque aún no se los había mandado, sin dar noticias a nadie de que los dejaba, se murió. Tras buscar los que quedaron, hijos y discípulos, en varias ocasiones y durante meses, entre todos sus escritos, si a su obra le había dado fin, y no encontrándose en modo alguno los cantos que faltaban, sus amigos ya se lamentaban porque Dios no lo había prestado al mundo lo suficiente como para dar fin a lo poco que restaba de su obra y no encontrándolos, dejaron de buscar desesperados. Iacopo y Pietro, hijos de Dante, ambos poetas, persuadidos por algunos de sus amigos, se pusieron a suplir la obra paterna en la medida de sus posibilidades, para que no quedara inacabada; entonces, se apareció a Iacopo, que era mucho más aplicado en esto que su hermano, una admirable visión, que no sólo lo apartó de la estulta presunción, sino que además le mostró dónde estaban los trece cantos que faltaban a la divina Comedia, y que no habían sabido encontrar“. [Boccaccio, Vida de Dante , cap. XIV, 183-189; trad. C. Alvar]
Si el perspicaz lector incuba la sospecha de que esos 13 cantos finales pudieron ser escritos por los hijos y hechos pasar por auténticos con tan hermosa leyenda, sólo tiene que leer el final del Canto XXX del Paraíso, tan estremecido. El verso “L’amor che move il sol e l’altre stelle” es de una belleza redonda como sólo podría tener la firma auténtica del poeta. Así, ya calmadas nuestras sospechas, podemos asombrarnos de la fidelidad al plan inicial y de la perseverancia y la claridad de ideas de Dante.
Y sólo una sospecha extemporánea nos ensombrece la clara y pura admiración. Puede que ambos casos sean representativos de sus respectivas épocas: la gaseosa improvisación de Picasso, tan satisfecha de sí misma, predispuesta a cuantos bandazos sean menester con tal de no contrariar ni un poco sus impulsos; y la sólida voluntad constructora de Dante, que le echa un pulso a la muerte, con una fuerza comparable a la que levantó las catedrales góticas, sus estrictas coetáneas, que se iban irguiendo poderosamente al cielo durante siglos.


Siguenos en:
4 Comentarios
Qué buena iniciativa. A por ella. ¿Conoces la actuación de Benigni sobre la Divina Comedia? Es muy divertida, e interesante.
Conozco esa actuación. Me regaló los DVD Rafael Méndez, redactor especializado en Medio Ambiente de El País, al que le vuelvo a dar las gracias desde aquí, aprovechando la ocasión. Hace mucho que no los veo y te agradezco, Mora Fandos, el recuerdo. Y los ánimos.
Larga vida, Enrique, para culminar esta y otras muchas iniciativas. Será un regalo poder seguirte en este nuevo foro.¡ Gracias!
El placer será la buena compañía, que espero no defraudar. Gracias, IT.